
cause there were pages turned
with the bridges burned,
everything you lose
is a step you take.

Nombre completo: Medea Duarte.
Edad actual: Veintisiete años.
Fecha de nacimiento: Nueve de marzo.
Lugar de origen: Bullridge.
Altura y peso: Mide 1,73 y pesa 61 kg (faceclaim: Anya Taylor Joy).
Relaciones interpersonales (figura adjunta a pie de página):
—Atlas Duarte (padre biológico).
—Elisa Duarte (antes sommers; madre adoptiva).
—Atenea (madre biológica).
✞ Daphne Duarte (hermana mayor por parte de padre).
Es fumadora y adicta al café. Después del fallecimiento de su hermana, su ingesta del segundo aumentó considerablemente para mantenerse despierta y soportar los días.
Siguiendo con el mismo hilo, sufre de estrés postraumático (tept), lo que le provoca pesadillas a menudo con el momento que lo desencadenó. En estas visualiza a Daphne sacudiéndose en los brazos de un pirata sin facciones, ya que no ha logrado recordar los rostros de las personas que estuvieron involucradas en el asalto.
Además de dichas pesadillas, tiene dificultad para establecer relaciones íntimas. Se siente distanciada del resto de personas en el ámbito emocional, algo que se fuerza en enmascarar con su actitud. Tiene pensamientos negativos sobre ella misma, aspecto que se vio reforzado por el rechazo de su padre, no obstante, se comporta de cara a la galería con soberbia y narcisismo fingido. Por último, sufre de recuerdos intrusivos. Es el síntoma menos frecuente de su trauma debido al bloqueo que su propia mente ha impuesto, sin embargo, a veces un timbre de voz concreto o un gesto desafortunado evoca retazos de esa noche que permanece en su cabeza como un lienzo inacabado –lo que desemboca en que se obsesione con el tema–.


Medea Duarte proviene del seno de una familia bien posicionada en Bullridge, concretamente de su capital, conformada por sus padres, Atlas y Elisa, y su hermana mayor, Daphne. Aunque es un dato que no conoció hasta alcanzar la adultez, su madre biológica es Atenea, un hecho que provocó una fractura en el matrimonio Duarte y de lo que procuran no hablar para evitar enfrentamientos. Pese a todo, Medea nunca consideró a la Diosa como su verdadera madre ya que no tuvo ningún tipo de vínculo con esta que pudiera favorecer esa concepción.Creció y vivió en Bullridge sin ningún matiz destacable al respecto. Al haber residido en una de las zonas más desarrolladas en lo que respecta a las tecnologías, nunca echó en falta nada en el ámbito material. Al igual que sus progenitores, ambas hermanas fueron enseñadas a venerar a los dioses en los distintos templos repartidos por la ciudad, siendo Poseidón –irónicamente– la deidad a la que Atlas más admiraba de los olímpicos. Gracias a la economía familiar de la que gozaba el matrimonio, tanto Daphne como ella tuvieron todos los caprichos y necesidades cubiertos desde el primer día. En el caso concreto de Daphne, al ser la primogénita, sacarle una ventaja de dos años y no suponer una mancha en la imagen impoluta que pretendía ofrecer de su familia, siempre fue la favorita de Atlas –un hecho que se volvería en contra de Medea tras su fallecimiento–, otorgándole mayor atención que a la pequeña. Pese a esto, nunca existió rivalidad entre ellas, por el contrario; Medea se acostumbró desde muy corta edad a perseguir a Daphne a todos lados como una sombra, pasando por desapercibida de ese modo dado que la personalidad de su hermana tendía a opacarla por lo extrovertida y abierta que solía resultar durante las reuniones sociales. Además de esto, tanto Atlas como Elisa se encagaron de protegerlas a ambas lo máximo posible al alcance de su mano, excluyéndolas de la información que obtenían acerca de los conflictos políticos existentes en la frontera con Helgrind (y evitando de esta forma que Medea pudiera oír rumores sobre su ascendencia real).

Fue alrededor de los seis y ocho años que medea manifestó esbozos de sus habilidades y poderes, entre ellos la clarividencia táctica que caracterizaba los juegos entre Daphne y ella, pudiendo adivinar de antemano las decisiones que tomaría la mayor al huir durante el «pilla pilla» o «escondite». Rara vez Medea lograba explicar cómo lo había hecho, pese a que Daphne la acusara siempre de hacer trampas.Al alcanzar la adolescencia, Daphne se salió del sendero que sus padres habían intentado inculcarle. A escondidas de ellos –y sin hacer partícipe a Medea con el objetivo de protegerla– comenzó a tener encuentros clandestinos con el corsario de una de las flotas que atracaban habitualmente en el puerto. Sabía que esta relación no habría sido aceptada ni bien vista por Atlas, quien habría desheredado a la joven sin pensarlo dos veces, por no hablar del dolor que habría acompañado la decepción de las elecciones de la mayor. Este idilio duró años antes de que Medea supiera de él por su propia cuenta. Ocurrió durante una de las escapadas de Daphne; Medea sospechaba sobre sus salidas «a ninguna parte», por lo que tomó la iniciativa de seguirla. Así pues, la descubrió bajo la sombra de la vela de un barco besándose con un hombre desgarbado, con ropajes gastados por el viento y la suciedad, y expresión huraña que no invitaba a la cordialidad. Habiendo sido educada de un modo tan estricto, la pequeña intentó convencer a Daphne de que abandonase esa idea infantil del amor a primera vista; lo que tenían era una dinámica de poder desventajosa para su hermana y no quería que acabase en un destino fatal para ella. Daphne se negó a oírla y, con ello, sembró las semillas de la discordia entre Medea y la posibilidad de abrir su corazón años más tarde.

Los meses transcurrieron y llegó el día en que el Oráculo le mostró una profecía; un sino del que ninguno de sus seres queridos podrían escapar. Todos habían sido marcados para perecer en circunstancias fatales, todos a excepción de ella, que tendría que verlos morir uno a uno sin poder impedirlo. Medea no quiso creer que era algo imposible de evitar, se convenció de que podría hacer algo al respecto; ayudar a Daphne a salir de su burbuja, manipular a sus padres para que no aceptasen ciertas ofertas y tratos comerciales, pero todos sus esfuerzos se vieron truncados cuando una de las noches Daphne regresó al puerto –perseguida de cerca por Medea– y encontró el final de su vida aguardándola de la mano de una banda de maleantes. Un grupo de piratas esclavistas había atracado en busca de mujeres y niños que raptar. Estaban dispersos y planeando su inmersión en la ciudad para iniciar los saqueos. La excusa para atracar en un principio había sido arrebatar joyas, dinero, cualquier objeto de valor que se toparan a su paso, pero el capitán en última instancia había decidido ir más lejos.Daphne resultó ser un cebo fácil. Estuvo en el momento equivocado y a la hora equivocada. Ante sus ojos, Medea tuvo que ver cómo batallaba por librarse de uno de ellos; un hombre con una cicatriz que le cruzaba la mejilla y terminaba sobre su ceja. Su hermana se revolvió hasta agotarse y su amante, aquel que había parecido tan poco confiable desde el principio, terminó ahogado en el mar que había sido su hogar hasta horas previas al intentar rescatarla en vano de la guerra que estalló entre su tripulación y la contraria.Medea no pudo salvarla. Por mucho que quiso, su cuerpo no acató a las órdenes de su cerebro; se quedó paralizada e impotente ante el horror. No sabía qué hacer, cómo arreglarlo, y por primera vez el peso del destino le cayó encima como un velo. El Oráculo había tenido razón; estaba atada de pies y manos ante la tragedia que se desenvolvería ante ella una y otra vez.

Fueron varios rostros los que olvidó esa noche. Entre ellos, alguno que otro que se convertiría en conocido cuando se trasladase al campamento militar meses más tarde con el objetivo de evitar la muerte temprana de sus padres. Atlas se volvió distante y frío con ella antes de que tomase la decisión de irse, incentivándola a hacerlo al retirarle sus muestras de afecto por sentirse sobrecogido por el dolor y utilizar su verdadera ascendencia como una vergüenza y un ataque hacia ella; su madre, por el otro lado, se convirtió en un cascarón vacío, reduciendo sus interacciones lo mínimo al extremo de encerrarse horas y horas en su habitación para evadirse de la realidad. Sin ser Medea consciente de ello y de un modo metafórico, la advertencia del Oráculo se cumplió tras aquella noche que marcó el antes y el después entre la persona que era y la persona en la que se convertiría.

There will come a Soldier
who carries a mighty sword,
he will tear your city down,
oh lei, oh lai, oh Lord.There will come a Poet
whose weapon is her word,
she will slay you with her tongue,
oh lei, oh lai, oh Lord.There will come a Ruler
whose brow is laid in thorn,
smeared with oil like David's boy,
oh lei, oh lai, oh Lord.
